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los obispos de todo el mundo tratarán los temas más incómodos de la Iglesia y afirman que el Papa pide «guardar secreto»

La corresponsal del diario romano “Il Messaggero”, que el papa Francisco lee todos los días, abrió este miércoles de par en par las puertas del escándalo inaugural del «Supersínodo» o «Sínodo de los Sínodos» de los obispos del mundo, que comienza en octubre, deliberará un mes y volverá a reunirse en octubre del 2024.

Prácticamente todos los temas quemantes que desgarran por dentro a la Iglesia serán tratados por los delegados mundiales de los obispos de esta institución creada por el Concilio Vaticano II bajo el impulso del papa Juan XXIII, muerto en junio de 1963 y concluido por Pío VI dos años después.

Todas las divisiones internas en la Iglesia, sobre todo entre renovadores y conservadores, están de hecho sobre la mesa de las propuestas y deberían ser sometidas a la asamblea plenaria de los delegados de las conferencias episcopales.

La corresponsal de “Il Messaggero, Franca Giansoldati, que ha entrevistado varias veces al Papa, lo acompaña en sus viajes y mantiene con Jorge Bergoglio una buena relación, dispara con munición gruesa aunque lo que dice no sorprende visto el duro enfrentamiento que vive la iglesia.

Los secretos de la Iglesia

Giansoldati escribe que “”por las indicaciones que ha enviado el Papa a sus estructuras de comunicaciones y a la opinión pública, las informaciones serán siempre filtradas”.

Vista general de la Plaza de San Pedro. Foto: Reuters

“Una especie de mordaza”, agrega. “Los medios internacionales se preguntan si se podrá efectivamente conocer las discusiones plenarias de las reformas, del futuro de la Iglesia en materia de matrimonios gay, de homosexualidad, de modificaciones al Catecismo, de sacerdocio femenino, de la abolición del celibato y de la democratización de las estructuras eclesiásticas”.

“Il Messaggero” señala que aunque el reglamento interno del Sínodo no ha sido aún publicado, el Vaticano “parece orientado a la hipótesis de cubrir con el secreto pontificio todos los debates internos”.

El diario romano agrega que el tema del secreto ha sido anticipado por el semanario católico “La Croix”. El secreto se aplicaría no solo a las opiniones personales sino también a los resultados de las votaciones al termino e los debates.

La censura de los debates de las asambleas de obispos y otros encuentros de alto nivel en la Iglesia, a partir de los tantos Sínodos celebrados, no constituye en realidad una sorpresa.

No se dice con mucha frecuencia, pero conviene recordar que las discusiones en las asambleas mundiales son votadas, pero todo es pasado después al pontífice, que puede hacer lo que quiere. En verdad, las conclusiones son las que firma el Papa.

El Papa “parece orientado a la hipótesis de cubrir con el secreto pontificio todos los debates internos”. Foto: ReutersEl Papa “parece orientado a la hipótesis de cubrir con el secreto pontificio todos los debates internos”. Foto: Reuters

Se puede decir que en el fondo, las censuras no son una novedad. Las expectativas ahora podrían concentrarse en la perspectiva de que el Papa decida autorizar que la Iglesia Católica anuncie su mensaje al mundo contemporáneo tras un franco y público debate. Pero no se llegará tan lejos.

«El Sínodo no es un debate político o parlamentario»

Preguntado acerca del arduo tema, el mismo Papa defendió el secreto del debate en el aula sinodal, para “tutelar su identidad y evitar influencias internas”. Francisco dijo que habrá comunicados. “El Sínodo no es un debate político o parlamentario”.

Hasta se sugería, como cuenta Giansoldati, que algunos periodistas puedan asistir a una parte de los debates de los 365 participantes, de los cuales 45 serán laicos.

Pero de inmediato se presentó el obstáculo de que algunos participantes del Sínodo podían no aceptar que sus discursos fueran “retratados” por la prensa, por lo que era necesario aceptar que a pedido de los interesados el Sínodo se celebrara a puertas cerradas.

El papa Francisco durante su visita a Mongolia. Foto: Alberto Pizzoli/ AFPEl papa Francisco durante su visita a Mongolia. Foto: Alberto Pizzoli/ AFP

En el viaje a Mongolia mirando a China, de hace unos días, hubo algunas anécdotas interesantes. El cardenal de Tailandia Kovithavani, dijo sonriente a la enviada de “Il Messaggero” que así como el Papa cree que el mundo combate ya “a pedacitos” la Tercera Guerra Mundial, él pensaba que en estos años de Supersínodo tendrá lugar “un Concilio Vaticano III a pedacitos”.

Uno de los acérrimos enemigos del Papa, el cardenal Raymond Burke de Iglesia norteamericana, ha impulsado la difusión de un libro que contiene una prefacio en el que a través de preguntas y respuestas se explica cómo y por qué “el rosto de la Iglesia está por ser revisado de cima a fondo”.

Esta abierta conspiración no sorprende porque el líder de un eventual cisma de los conservadores tiene por líder al cardenal de Nueva York Timothy Dolan, primado de la Conferencia Episcopal de EE.UU.

Dolan desde hace tres años distribuye a todos los miembros del Colegio de Cardenales, cuyos miembros menores de 80 años votarán para elegir a un nuevo Papa algún día, libros que sirven como una salva de artillería sobre “el futuro Cónclave” y ataques abiertos a la línea del Papa Francisco.

Todo indica que los crecientes enfrentamientos internos arderán en los debates que se plantearán en el Sínodo de los Sínodos.

Como hará el Papa para controlar los enfrentamientos entre tres grupos: los conservadores, los renovadores que se reconocen en el Papa, y la línea de cambios radicales que enarbola la iglesia de Alemania.

Las reformas radicales

Las demandas germanas a Roma son “fuertísimas e ineludibles”. Desde hace años que en Alemania se desarrolla un Sínodo nacional que con reclamos de cambios en profundidad.

Los alemanes quieren cambiar el Catecismo, que afirma que la homosexualidad es un pecado, reclaman el sacerdocio de las mujeres y otros reclamos contra la postergación de las féminas que constituyen la otra mitad el cielo y son más que los varones a nivel del catolicismo mundial. También piden reformas democráticas y de participación de los fieles para conducir las diócesis, que incluyen la elección popular del obispo.

Los obispos germanos están divididos y los ortodoxos acusan de cisma luterano la acción de los reformistas.

By Noel Gómez

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